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viernes, 9 de enero de 2009

LOS EFECTOS SECUNDARIOS DEL ABORTO

ROMA, domingo, 14 diciembre 2008
(ZENIT.org).- El aborto y la vida han sido uno de los temas calientes en estas últimas elecciones en Estados Unidos. Y, a juzagar por las últimas noticias, el tema seguirá estando en el centro de atención.
Según un estudio publicado en el número de diciembre del British Journal of Psychiatry, las mujeres que tienen un aborto corren un riesgo mayor de desarrollar problemas mentales.
El 30 de noviembre, el Medical News Today publicaba un resumen del estudio, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Otago, Nueva Zelanda.
El estudio se basaba en la investigación de un grupo de más de 500 mujeres nacidas en la ciudad de Christchurch, al sur del país. Las mujeres fueron entrevistadas seis veces entre los 15 y los 30 años. Además de preguntas sobre sus embarazos y abortos, también se les dio cada vez asistencia sobre salud mental. En el grupo hubo un total de 686 embarazos, de 284 mujeres, antes de que alcanzaran los 30 años de edad. De estos hubo 153 abortos, que implicaron a 117 mujeres.
Los investigadores encontraron que las mujeres que habían abortado sufrían un 30% más de problemas mentales que las demás mujeres.
No obstante, el estudio concluía que los efectos del aborto son sólo responsables de un efecto moderado en la salud mental de las mujeres. Según los investigadores, el estudio no apoya la conclusión de que el aborto tiene un efecto "devastador" sobre la salud mental de las mujeres, pero rechazan claramente la postura proabortista de que el aborto no tiene ningún efecto nocivo.
"El aborto es probable que sea un acontecimiento estresante y traumático en la vida que coloca a los expuestos a él en un riesgo modestamente creciente de problemas comunes de salud mental", concluían los autores. Estudios en conflicto El tema del aborto y la salud mental ha estado en el centro del debate durante algún tiempo.
A principios de este año la American Psychological Association (APA) declaraba no haber encontrado evidencias creíbles de que el aborto cause problemas mentales, informaba el Telegraph de Londres el 18 de agosto. Brenda Major, presidenta del grupo de trabajo sobre el tema de la APA, reconocía, no obstante, que es más incierta la evidencia de riesgos de salud mental asociados con las mujeres que tienen múltiples abortos.
Según el Telegraph el equipo de trabajo descubrió que algunos estudios encontraron que las mujeres que han abortado experimentan sentimientos de tristeza, de pena y de pérdida, y algunas pueden incluso sufrir depresión. Al mismo tiempo afirmaban que no había evidencias de que esto lo causara el mismo aborto. Las conclusiones de la American Psychological Association no quedaron sin respuesta.
El Family Research Council (FRC), declaraba en una nota de prensa el 14 de agosto que las conclusiones del equipo de trabajo no siguen los estudios revisados por el mismo. "Otros expertos han observado que los criterios de selección para incluir los estudios son enormemente sesgados, y que el informe no ha cuantificado el número de mujeres a las que es probable que afecte el aborto", comentaba el presidente de la FRC, Tony Perkins.
"Existe consenso entre muchos eruditos de las ciencias sociales y médicas en que un mínimo del 10% - 30% de las mujeres que abortan sufren consecuencias psicológicas graves, prolongadas y negativas", afirmaba.

LOS EFECTOS SECUNDARIOS DEL ABORTO (2)

El psicólogo Vicent Rue también disentía de la American Psychological Association, según un reportaje publicado el 9 de septiembre por LifeNews.com.
Rue afirmaba que la postura de la APA está en las antípodas de la declaración hecha pública el año pasado por el Royal College of Psychiatrist de Gran Bretaña. La organización británica advertía que el tema "permanece sin una resolución plena", que era necesario un estudio adicional y que las mujeres deberían tener acceso a asesoramiento sobre las posibles consecuencias.
Rue también hacía referencia a un artículo del 23 de agosto el periódico médico británico The Lancet, que advertía que, a pesar las declaraciones de que el aborto es psicológicamente sano para las mujeres, existen riesgos. No es algo trivial The Lancet, explicaba Rue, afirmaba que, aunque no hay un nexo causal entre el aborto y la enfermedad mental, el hecho es que algunas mujeres experimentan problemas psicológicos tras un aborto y esto no debería trivializarse.
La declaración del Royal College of Psychiatrist a la que se refería Rue era incluso más explícita en cuanto a los riesgos del aborto. Según un artículo publicado el 16 de marzo por el Times de Londres, las mujeres pueden correr el riesgo de graves disfunciones en su salud mental si abortan.
El Royal College of Psychiatrist recomendaba poner al día los folletos informativos sobre el aborto para incluir detalles de los riesgos de depresión. "No puede haber consentimiento informado sin proporcionar una información adecuada y apropiada", afirmaba. No son sólo las mujeres las que sufren tras un aborto.
A principios de año en una conferencia de activistas pro vida en San Francisco se oyó hablar de los efectos del aborto en los hombres, informaba el Los Angeles Times el 7 de enero. La sesión más impactante, afirmaba el artículo, presentaba el testimonio de dos hombres cuyas parejas abortaron. Jason Baier declaró a la audiencia que había sufrido años de depresión y adicciones. "No podía quitarme de la cabeza lo que había perdido".
"La verdad viva de la experiencia de las personas es muy dura como para dejarse de lado", afirmaba Vicki Thorn, que está a cargo de programas de asesoría post-aborto para la Iglesia católica. "Ya es hora de que... afirmemos el dolor que sufren los padres", afirmaba, según el Los Angeles Times.
El mito de los abortos ilegales La depresión no es el único tema controvertido en cuanto a los efectos secundarios del aborto. Las organizaciones de presión en contra de la vida están a favor de permitir el aborto para prevenir que las mujeres corran el riesgo de morir como resultado de abortos ilegales.
Este mito es falso según el padre Thomas J. Euteneuer. En un artículo publicado el 6 de junio por LifeNews.com, contaba la experiencia de Nicaragua, donde se ilegalizó el aborto en el año 2006. En su momento los activistas pro aborto sostuvieron que esto significaría que más mujeres morirían debido a los abortos de trastienda, pero de hecho los datos del Ministerio de Sanidad de Nicaragua muestran un descenso en la mortalidad maternal.
En el 2007 apenas hubo 21 muertes de madres, en comparación con las 50 del año anterior. El padre Euteneuer explicaba que, junto con la prohibición del aborto, las autoridades aumentaron los servicios prenatales para las mujeres embarazadas, junto con una mayor atención médica durante el parto.
Una letal herida Benedicto XVI trataba el tema del aborto el 12 de mayo hablando a los miembros del movimiento pro vida italiano. Declaraba que tres décadas de aborto legalizado en Italia han llevado a una caída en el respeto por la persona humana.
El Pontífice reconocía que son muchas y complejas las causas que pueden llevar a la dolorosa decisión de llevar a cabo un aborto. Al mismo tiempo, continuaba, la Iglesia sigue proclamando que toda vida humana es sagrada. Permitir el aborto no ha resuelto los problemas a los que se enfrentan las mujeres, sostenía el Papa, por el contrario, sólo ha añadido otra herida a una ya sufriente sociedad.
Benedicto XVI pedía un aumento del apoyo a las madres y a las familias, junto con un continuado esfuerzo para defender la vida humana. "Para los cristianos permanece siempre abierto, en este ámbito fundamental de la sociedad, un urgente e indispensable campo de apostolado y de testimonio evangélico: proteger la vida con valentía y amor en todas sus fases", observaba.
"Quien profana al hombre, profana la propiedad de Dios", añadía. Un pensamiento acertado, dado los millones de abortos que han tenido lugar en los últimos años.
Por el padre John Flynn, L. C., traducción de Justo Amado

jueves, 20 de noviembre de 2008

¿Por qué la IGLESIA CATÓLICA defiende cosas que van en contra de la opinión de mucha gente?


Este artículo está tomado de http://www.1000questions.net/

Resulta muy curioso ver el número de personas que "pasan" de la Iglesia pero que se rasgan las vestiduras cuando ésta desaprueba el aborto, los anticonceptivos o la fecundación in vitro.

En el fondo de nosotros mismos, cuando tenemos una duda de conciencia, cuando no estamos totalmente seguros de que algo que queramos realizar - o que hayamos realizado - esté bien, buscamos como sea una aprobación, una justificación oficial que nos libere de este reproche interior. Hace poco el rey de Bélgica se negó, por motivos de conciencia, a firmar la ley sobre el aborto, arriesgándose a perder el trono. Algunos diputados y políticos belgas hicieron declaraciones increíbles. Según ellos, el rey no tenía nada que decir, incluso si abdicaba, ya que debía limitarse a firmar las leyes como un autómata. ¿Por qué estas personas perdieron su sangre fría ante un gesto de valor extraordinario? Porque no sólo querían legalizar el aborto, sino que además, no soportaban que alguien se atreviera a decir que aquéllo no "estaba bien".

Tomemos otro ejemplo, hace 400 años Enrique VIII, rey de Inglaterra, había conseguido que todos los Lores y diputados, e incluso todos los obispos del país, aprobaran la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón. Sin embargo, un sólo obispo, John Fisher, y un único laico, Thomas More, canciller del rey que dimitió, se negaron a decir que estaba "bien". Estas dos únicas voces quitaban el sueño a Enrique VIII, quien hizo ejecutar a ambos.

Hoy día ya no harían ejecutar al papa Juan Pablo II o a los obispos cuando se dirigen a los católicos en conciencia, se contentan con insultarles. No obstante, para muchos sus palabras se hacen aún tan insoportables como las de John Fisher y Thomas More.

La Iglesia protege la conciencia. Es testigo hasta el martirio de que el hombre vale más que lo que intenta hacer.

La iglesia nos dice lo que cristo enseñó
Como resulta bastante molesto atacar a Jesucristo, incluso en el mundo, se prefiere reprochar a la Iglesia sus posiciones. "¿Con qué la Iglesia prohibe el divorcio?" - La Iglesia recuerda lo que Cristo dice en el Evangelio: "Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio..." (Lc 16, 18). Y Jesús dice también: "Antorcha de tu cuerpo son tus ojos :si tu ojo fuere sencillo, o estuviere limpio, todo tu cuerpo estará iluminado. Mas si tienes malicioso o malo tu ojo, todo tu cuerpo estará obscurecido Que lo que debe ser luz en ti es tinieblas ¡las mismas tinieblas cuán grandes serán!?" (Mt 6, 22-23).

Si la iglesia no da testimonio de la luz de cristo, ¿quién podrá encontrarla?

Jesús es muy severo con los que adaptan las exigencias morales a sus necesidades e intentan que el mal parezca el bien: "Al que escandalizare a alguno de estos pequeñitos que creen en mí, mucho mejor le fuera que le ataran al cuello una de esas ruedas de molino, que mueve el asno, y le echaran al mar." (Mc 9, 41). Se equivoca quien cree o dice que la Iglesia condena. A ejemplo de Cristo, la Iglesia da luz, cueste lo que cueste. Pero al que haya hecho algo mal, responde como Jesús: "Yo no te condeno. Vete y no peques más.", es el perdón que da el sacerdote en el sacramento de la "reconciliación" (la confesión).

La iglesia no condena sino que perdona en nombre de Cristo

La Iglesia dice que el aborto está mal, pero perdona a quienes abortan. Si no creemos en Dios, hacemos desaparecer la posibilidad del perdón. Ahí está el problema de nuestro tiempo: sin Dios ya no hay misericordia. Entonces, frente a los reproches de nuestra conciencia, nos esforzamos por olvidar - es la represión, con todas sus consecuencias -, o bien, por decir que el mal está bien.
¿Por qué no decir con la Iglesia las palabras del Salmo LI? "Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, haz que vuelva a escuchar júbilo y fiesta, retira tu semblante de mis faltas, borra todos mis culpas !"

jueves, 6 de noviembre de 2008

LA PÍLDORA DEL DÍA DESPUÉS, DAÑINA Y POCO EFICAZ


El doctor Renzo Puccetti analiza un estudio presentado al congreso nacional de ginecólogos.

ROMA, viernes 9 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- Las palabras con que el Papa Benedicto XVI se dirigió a los participantes en el congreso internacional dedicado a los 40 años de la encíclica de Pablo, Humanae Vitae, han suscitado numerosas reacciones.

El Santo Padre, afirmando la postura de la Iglesia sobre el bien constituido por el amor esponsal, un bien que hay que promover protegiéndolo de la cultura contraceptiva tan presente en el proceso de reducción del mismo a pura satisfacción, había alentado a la investigación en el campo de los métodos naturales de control de la fertilidad, respetuosos de las auténticas dimensiones constitutivas de la unión esponsal, la unitiva y la procreativa.

Los líderes de la Sociedad Italiana de Ginecología y Obstetricia (SIGO) reunidos en Turín para su congreso nacional, han respondido indirectamente al Papa, sosteniendo que existe la posibilidad de recurrir a los métodos naturales, pero que los métodos contraceptivos son más eficaces.

Para profundizar en el tema, ZENIT ha entrevistado al doctor Renzo Puccetti, miembro del grupo de trabajo de la European Medical Association, autor del libro “El hombre no deseado.

De la píldora de Pincus a la RU 486”, que, junto con otros especialistas, ha presentado al congreso ginecológico de Turín un estudio sobre la píldora del día después.
¿Cuáles son los principales resultados de su estudio?

Puccetti: Hemos realizado un modelo interpretativo capaz de explicar lo que sabemos desde hace tiempo, o sea, que los resultados esperados de la difusión de la conocida como píldora del día después han fracasado en conjunto a la hora de reducir, a nivel de población, los embarazos no deseados y los abortos. Hemos mostrado mediante análisis cuantitativos que queriendo negar el posible impedimento de la implantación del embrión que lleva a cabo este medicamento, se debe admitir una eficacia real significativamente inferior a lo que comunmente se cree.

Según nuestros cálculos además, la dilación a la hora de tomar el fármaco tiene en conjunto un impacto escasísimo, numerosos estudios no han evidenciado correlación alguna entre eficiacia y asunción. La supuesta urgencia prescriptiva es por tanto, en la práctica, una instancia fundada en datos en conjunto de escasa relevancia. No cabe esperar ningún incremento significativo de eficacia de la venta del fármaco como producto libre, como tampoco se ha demostrado mejora alguna en la distribución a las mujeres para usarse en caso de emergencia.

La asociación de los ginecólogos itañianos ha puesto en marcha desde hace algunos meses una campaña de sensibilización en el uso de contraceptivos, dirigido en particular a los jóvenes, afirmando que ésta es la mejor manera de prevenir los embarazos no deseados y el aborto.

¿Usted está de acuerdo?

Puccetti: Afortunadamente, no todos los ginecólogos piensan así. Con todo, es verdad que le trata de un reflejo de una postura difundida que se puede resumir en el eslógan: más contracepción, menos abortos. Los hechos demuestran que se trata de un eslógan falso. Tras más de 40 años de la introducción de la píldora anticonceptiva, el número de abortos ha crecido de forma espectacular, a menudo en mayor medida precisamente en los países donde más se ha difundido la cultura contraceptiva. Está a punto de publicarse un estudio nuestro en el que, con números en la mano, se muestra de forma muy sólida el fracaso de la estrategia contraceptiva. Se trata de una realidad que, aunque tímidamente, también en el mundo científico está tomando conciencia lentamente, como atestigua la creciente aparición de estudios que lo apoyan. La afirmación de que es necesario acudir a la contracepción para reducir los embarazos no deseados y los abortos refleja como mínimo un escaso conocimiento de los datos de la literatura médica, aunque es posible que sea expresión de un cierto oscurantismo ideológico.

¿Por qué según usted existen estas resistencias?

Puccetti: No quiero pensar en intereses de tipo económico. Pienso que más bien muchos cometen un grave error de concepción.

¿Cuál?

Puccetti: El de reducir al ser humano a su sola dimensión biológica, aceptando así la idea de que la sexualidad humana se identifica con la única dimensión genital. Esta postura ha alimentado una fracasada carrera tecnológica dirigida a asegurar la posibilidad de un sexo libre, olvidando que la libertad es verdadera cuando se desarrolla su dimensión de la rsponsabilidad.

¿Por qué fracasada?

Puccetti: Porque son las personas, las primeras las mujeres, que se rebelan contra esta perspectiva. Se ha probado todo, la búsqueda de productos teóricamente más tolerados, más fáciles de tomar y suministrar no ha surtido ningún efecto. Las mujeres se resisten a someterse por mucho tiempo a la dictadura farmacológica tendente a atrofiar su potencial fertilidad. Lo confirman dos vastos estudios apenas publicados. Después de sólo tres meses, casi la mitad de las mujeres no renueva la prescripción contraceptiva, en un año el porcentaje desciende al 15%. No tienen efecto las formulaciones hormonales teóricamente mejor toleradas.

Un gran porcentaje de abortos se verifica en mujeres qu duante el mes de la concepción estaban haciendo uso de la contracepción. Cando la contracepción se suspende o se cambia el método contraceptivo, las personas no cambian sus hábitos sexuales, plasmadas en el comportamiento contraceptivo asumido en precedencia. Estos son algunso de los factores que contribuyen a hacer inapropiada la opción de regular la naturaleza. Al contrario, creo que hay grandes posibilidades si se decide invertir recursos financieron e intelectuales en el campo de regularse con la naturaleza.
Para concluir, ¿qué sugiere?

Puccetti: Es necesario dejar de proceder de forma ideológica, debe haber una apertura a la realidad, comprenderla, no dejarse tentar por atajos que traen sólo problemas, pasar, como dice el profesor Noia, “de la información al conocimiento”.

El nobel de medicina Alexis Carrel una vez afirmó que “mucho razonamiento y poca observación conducen al error, poco razonamiento y mucha observación llevan en cambio a la verdad”. Le dejo imaginar cual puede ser el resultado si se observa poco y se razona mal.
[Por Antonio Gaspari, traducción de Inma Álvarez]

miércoles, 29 de octubre de 2008

“BARBARA INDIFERENCIA” ante los derechos de los no nacidos

GLASGOW, lunes 27 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- Ante el 60° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el próximo 10 de diciembre, el cardenal Keith Patrick O'Brien ha denunciado la "indiferencia bárbara" hacia los derechos de los niños no nacidos.

Interviniendo el pasado sábado en la Conferencia Anual de la Society for the Protection of Unborn Children (SPUC) en Glasgow (Escocia), el purpurado afirmó que, a pesar de que al final de la Segunda Guerra Mundial se estableció a nivel mundial un marco de derechos humanos, "la dura realidad es que las nobles palabras de estas declaraciones han venido acompañadas de una indiferencia bárbara hacia los derechos de los concebidos".

El sistema de los derechos humanos, observó, "ha fracasado miserablemente sobre todo a la hora de defender el más básico de estos derechos, el derecho a la vida".

"Fuerzas oscuras han distorsionado las leyes y las conciencias de nuestra nación, y nuestra situación es ahora peor que nunca", lamentó, recordando que según datos difundidos por los medios en Escocia se realizan 38 abortos cada día. El año pasado hubo 13.703, contra los 13.163 de los doce meses precedentes.

A propósito de esto, recordó la cuestión de la Human Fertilisation and Embryology Bill (cfr. ZENIT, 17 de enero de 2008), votada el 22 de octubre pasado, y definida por el purpurado como "un monstruoso ataque a los derechos humanos, a la dignidad y a la vida humana".

"No podemos basarnos en la ley para salvarnos de nuestros problemas", confesó el cardenal O'Brien. "El hecho de que nuestra sociedad se haya precipitado a una cultura de la muerte deriva de haber relegado cada vez más a Dios a los márgenes de nuestra vida y de la conciencia colectiva de nuestras naciones".

Si los ordenamientos aprobados por los parlamentarios se pueden criticar y deplorar, constata, "debemos reconocer también que quienes han sido elegidos por nosotros, en nuestro nombre, en su mayor parte reflejan la sociedad de la que proceden: apoyan el aborto porque la sociedad lo apoya, apoyan la experimentación con embriones porque la sociedad la apoya, y apoyan los tests genéticos y la potencial eliminación de los concebidos porque la sociedad lo hace".

"¡Nuestra lucha, nuestra batalla -la vuestra- debería referirse no sólo a los elegidos, sino también al electorado!", exclamó. "Las leyes buenas derivan de las buenas sociedades".

Por este motivo, exhortó a una verdadera y propia "conversión de la sociedad", admitiendo que no es posible "inculcar los valores morales a través de la legislación. Sólo inculcando, implantando un sentido de lo que es justo y lo que es equivocado en todos aquellos que nos encontramos, con la esperanza de que hagan lo mismo".

Apelando a "todas las personas de buena voluntad", el cardenal exhortó a "considerar cada vez más el papel de la conciencia y su vínculo intrínseco con la verdad".

La Iglesia, ha subrayado, "es una indicación para la conciencia, y no solo para quienes se adhieren a la fe católica, sino para todos los pueblos".

"A través de nuestras elaboradas estructuras políticas y legales y nuestras nobles declaraciones, hemos creído que podríamos construir una sociedad sin Dios", admitió, revelando que "este proyecto ha fracasado".

"Animo a todos mis parroquianos y a cada uno de vosotros a que examinéis vuestra conciencia e intentéis reconstruir nuestra cultura y despertar la conciencia de todos".

Benedicto XVI, recordó, "ha escrito mucho sobre la importancia de la conciencia, sobre la necesidad de sostenerla con las enseñanzas de la Iglesia, pero también sobre la necesidad de reflexionar sobre ella".

"Debemos promover una vez más la necesidad del recogimiento, de la meditación y de la oración íntima. Esto representará la fuente de fuerza para cada individuo, y juntos podremos transformar nuestra cultura".

"Después de 60 años, os exhorto a trabajar para establecer la lucha contra el aborto como verdadera cuestión de derechos humanos -concluyó dirigiéndose a los miembros del SPUC-. Prometo trabajar con vosotros con este fin de cualquier forma posible. Junto con la ayuda de Dios, creo que es una batalla que podemos vencer".

Por Roberta Sciamplicotti, traducción de Inma Álvarez